La industria del entretenimiento global ha experimentado cambios colosales en las últimas dos décadas. Si bien la televisión, la radio y el cine dominaron el siglo XX, hoy el centro de gravedad se ha desplazado al ámbito digital. Plataformas como Netflix, YouTube, TikTok y Spotify han transformado no solo la forma en que se consume el contenido, sino también la lógica misma de su creación. Los artistas ya no dependen de grandes estudios y discográficas; pueden interactuar directamente con el público.
Uno de los factores clave en esta transformación ha sido el desarrollo de la tecnología de internet. El acceso a internet de alta velocidad, los teléfonos inteligentes y las redes sociales han permitido que cualquiera se convierta en creador de contenido. Esto ha impulsado la democratización de la industria del entretenimiento: personas talentosas de los rincones más remotos del mundo ahora pueden hacerse un nombre sin intermediarios.
El modelo de producción clásico, basado en una selección rigurosa y contratos a largo plazo, está dando paso a formatos de colaboración flexibles. Los influencers, streamers y bloggers suelen trabajar con agencias por proyecto, conservando los derechos de autor de su obra. Esto aumenta su independencia y estabilidad financiera.
La influencia del mercado asiático en la industria del entretenimiento global actual es innegable. El K-pop y los dramas de Corea del Sur, las películas de Bollywood de la India y las series chinas en streaming se exportan activamente a todo el mundo. Esto está rompiendo estereotipos culturales tradicionales y dando forma a una nueva cultura pop global en la que la hegemonía occidental ya no es absoluta.
