El colapso del transporte en Santiago: Metro, Transantiago y esperanzas de reforma

por Silvia Córdoba

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Los embotellamientos diarios, el metro saturado y los autobuses impuntuales son una realidad para millones de santiaguinos. A pesar de las inversiones en infraestructura, el sistema de transporte de la capital sigue siendo una fuente de estrés y pérdida de tiempo. El residente promedio de la ciudad invierte 98 minutos al día en sus desplazamientos, el tercer menor tiempo en América Latina después de Bogotá y Lima.

El sistema Transantiago, inaugurado en 2007, no ha cumplido con las expectativas. A pesar de la estandarización de tarifas mediante Bip! y la integración del metro, los autobuses y los tranvías, las rutas siguen siendo inconsistentes y la frecuencia insuficiente, especialmente por las noches y los fines de semana.

El metro, otrora orgullo de Chile, enfrenta el deterioro de su material rodante y estaciones. Si bien muchas estaciones han sido renovadas tras la recuperación de los disturbios de 2019, los pasajeros se quejan de retrasos, particularmente en las líneas 4 y 5, donde los trenes suelen pasar con intervalos de más de 10 minutos. El gobierno ha lanzado el “Plan de Movilidad Sostenible 2025-2030”, que incluye la construcción de dos nuevas líneas de metro (7 y 8), la ampliación de la flota de autobuses eléctricos a 2.000 unidades y la creación de 500 kilómetros de ciclovías.

Uno de los proyectos clave es la línea 7 del metro, que conecta Renca con Vitacura, y que aliviará la congestión en el centro de la ciudad y conectará comunidades de bajos y altos recursos. La construcción comenzó en 2024, pero el plazo se ha retrasado debido a hallazgos arqueológicos en el centro.

Mientras tanto, el uso compartido de vehículos y los minibuses (“colectivos”), que, aunque ilegales, están cubriendo las deficiencias del servicio, están ganando popularidad. Las alcaldías de Santiago y Las Condes están probando la legalización de estos servicios.

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