Las cuestiones éticas siguen siendo apremiantes. ¿Quién es el propietario de los datos neuronales? ¿Puede piratearse la interfaz? Existe el riesgo de manipulación mental o de la creación de una desigualdad cognitiva entre quienes tienen acceso a la mejora cerebral y quienes no.
El ejército también está interesado en las interfaces cerebro-computadora (ICC) para controlar drones o mejorar la concentración de los soldados. DARPA (EE. UU.) financia proyectos para crear soldados híbridos.
Las ICC podrían ayudar con la enfermedad de Parkinson, la epilepsia y la depresión al estimular áreas específicas del cerebro en respuesta a la actividad patológica.
El principal desafío técnico reside en la durabilidad y la seguridad de los implantes. El cuerpo puede rechazar materiales extraños y la señal se atenúa con el tiempo. Los nuevos materiales biocompatibles y las tecnologías inalámbricas abordan estos problemas. La psicología también está cambiando: las personas comienzan a percibir la tecnología como una extensión de sí mismas. Esto difumina los límites entre lo biológico y lo artificial.
Las interfaces cerebro-computadora no son ciencia ficción, sino una realidad que ya está transformando vidas. Con un enfoque responsable, se convertirán en una herramienta para la sanación, no para el control. Por primera vez, la humanidad está aprendiendo a hablar el lenguaje de las neuronas, y esto es solo el comienzo del diálogo.
