La inteligencia artificial (IA) ya no es solo una herramienta para las empresas tecnológicas; se ha convertido en una poderosa aliada en la ciencia básica y aplicada. Hoy en día, la IA acelera el análisis de datos experimentales, modela procesos complejos e incluso formula hipótesis que, debido al volumen de datos, resultan inaccesibles para la mente humana.
En biología y medicina, la IA ya ha logrado resultados impresionantes. Por ejemplo, en 2021, el sistema AlphaFold de DeepMind resolvió el plegamiento de proteínas, uno de los principales misterios de la biología molecular durante 50 años. Predijo la estructura tridimensional de más de dos millones de proteínas, acelerando el desarrollo de fármacos y la comprensión de las enfermedades genéticas.
Las compañías farmacéuticas utilizan cada vez más redes neuronales para buscar nuevas moléculas candidatas. En lugar de años de pruebas de laboratorio, la IA puede seleccionar los compuestos más prometedores en cuestión de horas, predecir su toxicidad e interacciones con las células. Esto reduce significativamente el costo y el tiempo de comercialización de los fármacos.
En astronomía, la IA ayuda a procesar datos de telescopios como el Hubble y el James Webb. Los algoritmos identifican automáticamente exoplanetas, clasifican galaxias y filtran el ruido en las señales. Sin el aprendizaje automático, los científicos simplemente no podrían procesar petabytes de datos diarios.
