En el ámbito interno, crecen las tensiones entre el sector agrícola y los ambientalistas. El agronegocio es el motor de las exportaciones (soja, carne, café), pero su expansión amenaza la biodiversidad. Lula intenta encontrar un equilibrio, pero enfrenta resistencia en el Congreso.
Las reformas sociales avanzan lentamente. Un intento por introducir impuestos progresivos y aumentar el salario mínimo ha provocado protestas empresariales. La coalición de Lula es frágil: depende del apoyo de partidos centristas e incluso de la derecha moderada.
El legado de Bolsonaro persiste. Sus partidarios, incluyendo algunos en las fuerzas armadas y la policía, continúan difundiendo teorías conspirativas. El ataque al Congreso en enero de 2023 puso de manifiesto la fragilidad de la democracia.
La juventud y los pueblos indígenas se han consolidado como fuerzas políticas importantes. Activistas climáticos, activistas por los derechos LGBTQ+ y activistas por la reforma agraria exigen cambios. Sus voces se escuchan cada vez más en los medios de comunicación y en el parlamento.
Brasil es un país de contrastes: un enorme potencial y problemas crónicos. El éxito de Lula dependerá de su capacidad para combinar la justicia social con la estabilidad económica. No solo el futuro de América Latina, sino también el clima global, depende de Brasil.
