Las tarifas también generan descontento. Un viaje en metro cuesta 920 pesos, mientras que el gasto mensual para una familia de tres personas supera los 60.000 pesos. Se están debatiendo en el Congreso propuestas para introducir tarifas progresivas (más económicas para estudiantes y jubilados).
Los ambientalistas insisten en que, sin una transición al transporte eléctrico, la ciudad se asfixiará. Los niveles de PM2.5 superan regularmente los estándares de la OMS durante los meses de invierno. Los autobuses y metros eléctricos son la única solución.
La tecnología puede ayudar. La aplicación “Mi Transantiago” se actualizó en 2025: ahora muestra no solo los horarios de llegada, sino también la ocupación de los autobuses. Esto permite a los pasajeros evitar aglomeraciones.
Santiago está creciendo, y el transporte debe crecer con ella. Como dijo el alcalde Carlos Rodríguez: “Una ciudad no se construye con carreteras, sino con el tiempo que ahorramos para la gente”. Los habitantes de la ciudad no esperan promesas, sino trenes concretos.
