Una alimentación equilibrada no es una dieta, sino un estilo de vida que garantiza que el cuerpo reciba todos los macro y micronutrientes necesarios en las proporciones adecuadas. Es fundamental para prevenir enfermedades crónicas, mantener el rendimiento y el equilibrio psicoemocional. A diferencia de las dietas restrictivas de moda, una alimentación equilibrada es sostenible y segura a largo plazo.
Los carbohidratos complejos deben constituir la base de la alimentación: cereales integrales, legumbres, verduras y frutas. Estos garantizan niveles estables de glucosa en sangre, previniendo cambios de humor y fatiga. Los azúcares simples, especialmente los procedentes de refrescos y dulces, deben limitarse al 5-10 % del total de calorías.
Las proteínas son esenciales para la reparación de los tejidos, la síntesis hormonal y el sistema inmunitario. Se pueden obtener tanto de productos animales (carne magra, pescado, huevos, lácteos) como de fuentes vegetales (lentejas, tofu, frutos secos, quinoa). La ingesta diaria recomendada es de 1 a 1,5 gramos de proteína por kilogramo de peso corporal, dependiendo del nivel de actividad física. Las grasas son un componente vital de las membranas celulares y del sistema hormonal. Se recomienda consumir grasas insaturadas: aguacate, aceite de oliva, pescados grasos (salmón, caballa), linaza y chía. Las grasas trans y el exceso de grasas saturadas (presentes en la comida rápida, la margarina y los productos horneados) aumentan el riesgo de aterosclerosis e inflamación.
