La actividad física es una de las maneras más efectivas de mantener la salud a cualquier edad. No solo fortalece el corazón y los músculos, sino que también regula las hormonas, mejora el sueño y protege el cerebro del envejecimiento. La Organización Mundial de la Salud recomienda 150 minutos de actividad moderada por semana.
Incluso 30 minutos de caminata a paso ligero al día reducen el riesgo de accidente cerebrovascular en un 27 %, de diabetes tipo 2 en un 40 % y de depresión en un 30 %. Y no es necesario ir al gimnasio: bailar, la jardinería, nadar o pasear al perro también cuentan como actividad física.
El ejercicio estimula la producción de endorfinas, serotonina y dopamina, las llamadas “hormonas de la felicidad”. La dopamina es un antidepresivo natural sin efectos secundarios. Después de hacer ejercicio, el estado de ánimo mejora, la ansiedad disminuye y la autoestima aumenta. El entrenamiento de fuerza es especialmente importante después de los 40 años. Con la edad, perdemos masa muscular (sarcopenia), lo que provoca debilidad, caídas y un metabolismo más lento. Entrenar con pesas dos veces por semana es suficiente para mantener la fuerza y la forma física.
