El agua constituye aproximadamente el 60 % del peso corporal de un adulto y participa en prácticamente todos los procesos fisiológicos, desde la termorregulación hasta el transporte de nutrientes. A pesar de su evidente importancia, muchos subestiman la importancia de una hidratación adecuada, restando importancia a la sed como una simple molestia.
Incluso una deshidratación del 2 % reduce la función cognitiva, ralentiza los tiempos de reacción y empeora el estado de ánimo. Una pérdida del 5 % de agua provoca dolores de cabeza, debilidad y mareos. La deshidratación crónica aumenta el riesgo de cálculos renales, estreñimiento e infecciones del tracto urinario.
Las necesidades diarias de agua varían de persona a persona. La recomendación general es de 30 a 35 ml por kilogramo de peso corporal. Para una persona de 70 kg, esto equivale aproximadamente a 2-2,5 litros al día. Sin embargo, parte del agua se consume a través de los alimentos (verduras, frutas, sopas), por lo que se recomienda beber aproximadamente 1,5-2 litros de agua pura.
El color de la orina es un indicador sencillo de la hidratación. Un color amarillo pajizo claro indica una ingesta adecuada de líquidos, mientras que un color amarillo oscuro indica deshidratación. Sin embargo, algunas vitaminas (como la B2) tiñen la orina de un color intenso, lo cual no siempre se asocia con la deshidratación.
El ejercicio, el calor y la altitud aumentan la necesidad de agua. Durante el ejercicio intenso, una persona puede perder hasta 1 o 2 litros de sudor por hora. En estos casos, es importante beber no solo agua, sino también reponer los electrolitos (sodio, potasio y magnesio).
