El combustible de fusión es prácticamente inagotable. El deuterio se extrae del agua de mar y el tritio se puede producir dentro de un reactor. Un baño de agua es suficiente para abastecer de energía a una casa durante un año.
La seguridad es una ventaja clave. Si se produce un fallo, la reacción simplemente se detiene sin desencadenar una reacción en cadena. No existe riesgo de fusión del núcleo ni de liberación de radiación.
Sin embargo, los retos son enormes: materiales que puedan soportar la irradiación de neutrones, la creación de imanes superconductores y el control del plasma en tiempo real. Se requieren avances en física, ciencia de los materiales e inteligencia artificial.
La inversión está creciendo: las empresas privadas han recaudado más de 6000 millones de dólares en los últimos años. Esto es una señal de confianza en la tecnología. La fusión no es una solución instantánea a la crisis climática, sino una esperanza a largo plazo. Si la humanidad logra replicar la energía solar en la Tierra, será el mayor logro de la civilización: un legado de energía limpia para las generaciones futuras.
