Una alimentación equilibrada: la base de la longevidad y la energía

por Silvia Córdoba

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El agua es esencial para el metabolismo. Incluso una leve deshidratación (pérdida de líquidos del 2%) reduce la concentración y la resistencia. Un adulto suele necesitar entre 1,5 y 2,5 litros de agua al día, dependiendo del clima, la actividad física y la dieta.

La fibra es fundamental para una digestión saludable. Regula la función intestinal, reduce el colesterol y favorece el crecimiento de la microbiota beneficiosa. La cantidad diaria recomendada es de 25 a 30 gramos, que se obtienen a través de verduras, frutas, cereales integrales y legumbres.

La frecuencia de las comidas también es importante. Tres comidas principales con dos tentempiés ligeros ayudan a evitar comer en exceso y a mantener niveles de energía estables. Saltarse el desayuno o picar entre horas por la noche altera los ritmos circadianos y el metabolismo.

Un enfoque personalizado es clave para el éxito. La edad, el sexo, la genética, los niveles de estrés y la presencia de enfermedades crónicas influyen en las necesidades nutricionales. Por ejemplo, las personas mayores necesitan más calcio y vitamina D, mientras que las mujeres embarazadas necesitan más ácido fólico y hierro.

La nutrición no solo es fisiológica, sino también psicológica. Comer con atención plena ayuda a escuchar las señales de hambre y saciedad, evitar comer por ansiedad y disfrutar de la comida sin culpa.

En definitiva, una dieta equilibrada no es una lista estricta de tabúes, sino un sistema flexible basado en la variedad, la moderación y el respeto por el propio cuerpo. No promete resultados instantáneos, pero sí garantiza una salud duradera, claridad mental y vitalidad durante muchos años.

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