El té verde es una de las fuentes más ricas en catequinas, especialmente EGCG. Su consumo regular reduce el riesgo de enfermedades cardiovasculares y mejora la salud de la piel.
Los cereales integrales, las legumbres y los frutos secos aportan fibra, que nutre la microbiota intestinal beneficiosa. Una microbiota saludable es clave para reducir la inflamación sistémica.
El consumo moderado de vino tinto (1 copa al día para las mujeres, 2 para los hombres) es aceptable debido al resveratrol presente en la piel de la uva. Sin embargo, el alcohol no es un componente necesario de la dieta.
Una dieta variada es esencial. No existe un antioxidante “más potente” que otro; la sinergia de los componentes de los alimentos integrales produce un mejor efecto que los suplementos aislados.
Una dieta antiinflamatoria no es una dieta, sino un estilo de vida. Combina verduras frescas, pescado, frutos secos, especias y un mínimo de alimentos procesados. Esta dieta no solo prolonga la vida, sino que también la hace más brillante, enérgica y saludable.
